Las mezclas y las resacas que producen: un 2021 atípico

2021 atípico

Una noche de verano, cuando tenía 17 años, hice con mis amigos un botellón junto al río Guadalquivir, en Sevilla.

Hacía calor y yo, apenas un chaval con un muestrario de bebidas casi inabarcable para mí, me vine arriba.

No recuerdo exactamente cuánto bebí, pero sí que fue mucho. Y, lo peor de todo, mezclé distintos tipos de bebidas. Casi se puede decir que hice una cata de whisky, ron, vodka… Alegría, que la noche es joven.

Como todo el mundo sabe, cuando te pones a beber algo, NO debes mezclar. Es la ley número 1 de los botellones de antaño o las quedadas con amigos de hoy en día ‘en plan pureta’ (el botellón ya se me quedó en el pasado, lo cual es una pena porque me encantaba).

Y yo aprendí esa lección aquella noche ‘por las malas’. Cogí un pelotazo tan grande que, en un momento de la noche, uno de mis amigos se encontró una caja de madera y pensó que era una buena idea tirarla al cielo. Total, qué podía pasar.

Todos se retiraron menos yo que, corto de reflejos, me llevé un golpetazo de una caja de madera que venía del cielo como un Tomahawk.

Bueno, pues fíjate cómo iba de cocido, que ni me dolió. Me enteré de que la caja me había dado a mí por el estruendo que escuché en mi cabeza.

Al final de la noche, ya superado el capítulo de la caja, mis amigos tuvieron que subirme a cuestas a mi casa ante mi deplorable estado general.

Por entonces, yo vivía en un 4º piso. Sin ascensor.

Si no llega a ser por ellos, quizás hubiera dormido en el portal de mi bloque. Incapaz de subir a pie los 81 escalones que había desde ahí hasta mi casa.

Como imaginarás, no he vuelto a mezclar bebidas. Sí he vuelto a beber en cantidades generosas, para qué te voy a engañar. Pero sin moverme de aquello con lo que empezara. Ron, pues ron. Ginebra, pues ginebra. Sin desviarme ni un ápice. Como un soldado que ya está curtido en mil batallas.

Y como somos el único animal que tropieza 2 veces con la misma piedra…

Vamos a hacer ahora un doble salto y nos situamos 21 años después. Porque, de nuevo, me suben a cuestas hasta mi casa.

Y es que volví a mezclar. Sí, amigos, los seres humanos somos los únicos animales que… bueno, tú sabes.

Mezclé ideas, conceptos, públicos, propuestas de valor y lo serví en varias copas bien fresquitas en un lanzamiento a lo Jeff Walker (no Johnnie Walker, bribón).

Como en la noche de cuando tenía 17 años, alguien tiró un objeto pesado al cielo y me cayó en la cabeza. Fueron los traffickers quienes lanzaron campañas publicitarias que no funcionaron una mierda y esos miles de euros lanzados al cielo me cayeron encima como si de un saco de cemento se tratara.

El resultado: Mareos, vista nublada, dolor de cabeza, desconcierto.

Pero de nuevo tuve la suerte de contar con personas que me llevaron en volandas hasta mi casa, a mi lugar, a mi centro. 

Gracias, equipo. Sin vosotros, aún estaría lamiéndome las heridas y pensando qué podría haber ocurrido si el CTA hubiera estado en rojo en vez de amarillo, y tonterías así.

El problema es que mezclé. El aprendizaje que extraje de eso es que NO se puede mezclar. Nunca. Empiezas con ron, pues a ron. Empiezas con ginebra, pues a ginebra. Hasta el final.

La parte positiva con mayúsculas es que las personas que forman parte de mi agencia me arroparon y me hicieron ver las cosas con mayor nitidez cuando pasó la resaca.

Un consejito que te dejo: rodéate de gente que haga bien su trabajo, pero también de gente que solucione, que siga adelante y que sienta tu empresa como suya. 

De esas personas que no abandonan el barco aunque se esté hundiendo. De las que te tiran el flotador y te mantienen a flote. 

Este post va por ellas. Por todas las personas que forman la agencia de Borja Gómez Comunicación.

Esto que te cuento ha sido la parte final del año. Dura, de las que curten.

Antes, ha sido un gran año, en el que hemos currado como cabrones. Hemos tenido mogollón de clientes super molones a los que les hemos hecho un trabajo espectacular, sacándolos en medios de comunicación de primerísimo nivel. Hemos cambiado de imagen, de web y nuestra esencia se transmite mejor. 

Y además, he tenido un mes entero de vacaciones. Algo que no disfrutaba, precisamente, desde aquel verano del episodio de la caja al aire. Curiosidades del destino.

Pero, sobre todo, el equipo ha crecido, nos hemos compactado y las estructuras son aun más sólidas. Estamos curtidos en mil batallas y nuestras cicatrices demuestran una experiencia que hemos incorporado en las trincheras, en el barro.

 

Seguiremos haciendo lo que estamos haciendo. Pero sin mezclar. Nos centraremos aun más en los clientes, en nuestros servicios. Y por supuesto, sacaremos novedades, sorpresas, cosas chulas, siempre relacionado con los medios de comunicación, con esta cercanía y ayuda a aquellos que confían en nosotros.

Nunca me ha gustado estar en las posiciones ‘elevadas’ de gurús que te enseñan a facturar más con tu negocio aunque ellos todavía no lo estén consiguiendo. O con los que ni siquiera puedes llegar a hablar porque están en las alturas, donde no llegan el resto de mortales.

Que por cierto, no sé tú, pero yo estoy ya cansado de postureos y de mensajes que suenan todos igual. Vamos a resetearnos y, a partir de ahora, a decir las cosas más claras porque estamos en un momento tan bueno como cualquier otro para hacerlo. Los medios de comunicación exigen transparencia, honestidad y sinceridad. 3 pilares básicos para nuestra agencia, más aun a partir de ahora.

Si quieres seguir ahí para verlo, estaré encantado. Y si no, pues guay también. Cada uno es libre de hacer lo que le venga en gana.  

Nos vemos en las trincheras.

Un abrazo… ¡Y que la prensa te acompañe!

Borja

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